Desafío un mes sin lácteos Día 1: Empezando

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Hace rato que esta idea ya me venía dando vuelta en la cabeza, pero no me animaba mucho a implementarla. Por períodos me había bajado la idea de dejar de comer lácteos y volver a mi antigua dieta ayurvédica de tipo Kapha, sin grasas, ni quesos y otras cosas, pero se me estaba haciendo difícil cada vez que lo intentaba. Un poco por complacencia social, un poco por comodida, y un poco por falta de tiempo para desarrollar buenas alternativas sin lácteos a la hora de cocinar.

Igual tengo que aclarar que yo no soy una gran consumidora de lácteos tampoco. De hecho hace mucho que no tomo leche, no como yogurts (salvo uno que otro natural que lo uso para cocinar en sopas de vez en cuando), y mi consumo de quesos es bastante bajo. Si me gusta harto la ricotta y el queso fresco, pero mi frecuencia de compra es de un par de veces al mes, así que tampoco es como que estuviera dejando de lado un elemento vital en mi dieta.  Sin embargo, va a ser interesante saber qué otras cosas deberé dejar de comer que están hechas en base a lácteos, o que contienen proteína de la leche y que hasta ahora no me he fijado.

Así que he decidido poner a prueba mi voluntad por un mes, y ver qué pasa. Es como una especie de auto experimento para saber qué le pasa al cuerpo y a la mente (y a mi vida social) con un mes sin nada de lácteos. Lo peor que puede pasar es que no pase nada, y en ese caso seguiré con mi dieta habitual; pero también es posible que mejoren algunos aspectos de mi sistema digestivo, la calidad de mi piel, el sueño y la energía.

Hoy en día una dieta libre de lácteos está considerada como una dieta saludable, y así fue establecido el año pasado por la Universidad de Harvard al sacar los lácteos de lo que se conoce como el «plato de comida saludable» (healthy eating plate). La alta ingesta de lácteos que presenta hoy en día la población mundial conlleva serios riesgos de salud, incrementando la probabilidad de desarrollar cáncer al colon y cáncer de ovarios en el largo plazo. 

En las últimas décadas el consumo de lácteos (al igual que el de la carne y otros productos animales) ha aumentado significativamente en países desarrollados debido a un incremento en los ingresos y la capacidad de compra de los individuos. Según estudios de la FAO, entre 1961 y 2007, el consumo de lácteos se duplicó, el de la carne se triplicó, y el consumo de huevos se quintuplicó. Cifras algo preocupantes, si consideramos que gran parte de esa producción animal se realiza en condiciones poco éticas, y bajo parámetros industriales masivos, con uso regular de antibióticos y otros productos químicos.

El reciente reportaje de Contacto en Canal 13 sobre los alimentos saludables, sorprendió a muchos con sus resultados, y puso al descubierto una realidad muy extendida hoy en la industria de los alimentos, y es que mucho de lo que se indica en las etiquetas no tiene relación con el contenido del producto. Para algunos alimentos procesados esto no debería sorprendernos tanto, ya que es cosa de mirar las etiquetas para darse cuenta de que la lista de ingredientes más parece el índice de un libro de química que algo comestible. Sin embargo, hay otros casos como con los yogurts o la misma leche, que se nos dice que son 100% naturales y buenos para la salud, pero que finalmente ni siquiera cumplen con los contenidos de lactobacilus mínimos que deberían tener para calificar como tal.

Y así seguramente con muchos otros productos que ni siquiera tenemos idea. Una difícil tarea para nosotros los consumidores, ya que al final la responsabilidad de informarnos sobre la realidad y buscar otro tipo de alternativas para comer recae en nosotros, en un mercado que lamentablemente no nos ofrece muchas otras opciones.

Es por eso que este tipo de auto-experimentos con los alimentos son un buen punto de partida para ver qué nos acomoda y qué no. Todas las personas son diferentes y así también sus sistemas digestivos, por lo que algo que pueda resultarle muy beneficioso a una persona, puede no tener ningún impacto en otra, o incluso causarle problemas. Ya les iré contando sobre mi experiencia de estos días sin lácteos, y espero también aprovechar esas instancias para investigar y escribir un poco más sobre el estado de la industria láctea hoy en día y sus efectos sobre el medio ambiente y la salud.

Está demás decir que si alguno de ustedes tiene experiencias con este tema de dejar el consumo de lácteos, ya sea de manera temporal o permanentemente, o quisiera plantear alguna pregunta o comentario, por favor escríbanme en el newsfeed de acá abajo, o al mail: anita@bfoods.cl

One Comment

  1. excelente anita! como dato técnico te cuento que en mi trabajo (http://www.dietandcancerreport.org/cup/journal_publications.php) hemos publicado bastante sobre el aumento en el risgo de cancer y consumo de carnes rojas y procesadas. por esas cosas de la vida, mi pololo es vegetariano, intolerante a la lactosa y alérgico a la proteína de la leche, así que nuestra dieta es virtualmente libre de productos láctos. con respecto al healthy eating plate, este fue basado en describrimientos hechos a mediados de los años noventa por edward giovanucci (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16492906, http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2391107/#bib19), en donde se identificó una mayor mortalidad y prevalencia de cancer de próstata en hombres con alto consumo de leche. el mecanismo de esto no está completamente identificado, pero se cree que está relacionado con un aumento de la hormona del crecimiento y factores del crecimiento, los que están presentes en la leche. avísame si necesitas más información o recetas para este mes.
    besos,
    deby

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