Desafío un mes sin lácteos Día 18: Antojos, antojos, antojos!!!

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Si tengo que definir en una palabra cómo han sido estas últimas semanas, tendría que escoger la palabra «antojo». Estoy empezando a contar los días para que este desafío termine porque lo único que quiero es comerme tranquilamente un plato con algo de queso… ya sea una pasta con queso rallado, una buena pizza italiana, o no se, algo con queso, ya que es lo que más extraño, y me ha hecho incluso soñar con el tema últimamente.

La primera semana estuvo todo de maravilla, me sentía súper bien y empoderada de mi desafío, pensando en que me estaba resultando muy fácil. Entre medio tuvimos varias comidas con familia y amigos, en las cuales no tuve ningún problema. Desarrollé muy buenas innovaciones a la hora de cocinar y estaba feliz y contenta avanzando. Hasta que de repente un día me puse a contar cuántos días ya llevaba con esto del desafío y me di cuenta que eran sólo 7. Casi me muero. Yo que podría haber jurado que ya llevaba la mitad y no quedaba nada para terminar, de repente se me vino el desafío encima.

Debo confesar que la idea de seguir 3 semanas más con el mismo nivel de complejidad al comer me abrumó un poco, por lo que empecé a aflojar con algunas cosas. En primer lugar aquellos alimentos que tenían proteína de la leche aunque no necesariamente lácteos directos. Como les decía en el último post sobre el desafío, yo no tengo alergia a la proteína de la leche y por lo tanto si como algo que la contiene no me va a pasar nada. La verdad es que fue interesante llevar el desafío a ese extremo mientras duró, pero claramente no es sostenible y compadezco demasiado a las personas que sufren de ese problema, ya que la vida se les complica muchísimo a la hora de comer.

En segundo lugar, en estas semanas he tenido que probar cosas que contienen un poco de mantequilla por las preparaciones que hemos hecho en B Foods. Creo que si no tuviera un proyecto de cocina funcionando podría haberme evitado esta parte, pero la verdad es que si estoy cocinando para un cliente, ¡tengo que probar como están quedando las cosas antes de servirlas! Y aunque he hecho el mayor esfuerzo por cocinar para los demás sin lácteos también, no le puedo imponer a todo el mundo este desafío y habrá instancias en las que tendré que ceder.

Una de las cosas más interesantes que me sucedió este tiempo ha sido la necesidad de comer carne. Yo en general no como casi nada de carne, salvo contadas ocasiones donde puedo asegurarme de que el animal ha sido criado de la manera más natural posible o en eventos especiales donde no se puede decir que no. Pero mi consumo de carne es como de tres o cuatro veces al año más o menos y por circunstancias que normalmente no decido yo. Sin embargo, hace unos días me bajó un antojo feroz por comer carne de vacuno asada y estuve varios días dándole vuelta al asunto hasta que sucumbí frente al antojo, y porque necesitaba algo más pesado y consistente que puros vegetales. Por suerte encontré unas carnes chilenas naturales, provenientes principalmente de la región de Los Lagos, Los Ríos, Araucanía y Aysen, certificadas por la IMO, de vacas libres, criadas con pasto en praderas abiertas y sin hormonas ni antibióticos, así que me la comí con gusto.

En cuanto a cambios en mi cuerpo debo decir que no ha sido tan notorio como yo hubiese esperado.  No he experimentado una pérdida de peso significativa, ni mi piel o pelo han rejuvenecido de manera increíble. Lo que si es que en general siento el sistema digestivo mucho más liviano después de comer, estoy menos hinchada y por ende también tengo más energía. El aumento de mi energía vital en el día a día si ha sido bien impresionante, y quizás también se debe a otro tipo de factores, pero la verdad es que es lo más contundente que he observado hasta ahora en estas últimas semanas.

Me imagino que para notar cambios más profundos esto se debe sostener en el tiempo mucho más allá de un sólo mes, pero honestamente no se si quiero alargarlo mucho más allá de lo establecido. Esto no significa que apenas termine el desafío me voy a poner a a comer todos los lácteos que no me comí en un mes, o que de ahora en adelante voy a tener una ingesta regular de leche y sus derivados. No, ¡en absoluto! La idea es mantener el hábito de minimizar la ingesta de lácteos en la medida de lo posible, pero sin sufrir frente a circunstancias donde la mejor opción es indudablemente un plato que contiene un poco de queso, crema o mantequilla.

Si se me antoja un quesito un día, al igual que con la carne, buscaré las mejores opciones en el mercado para darme en el gusto, cuidando que mi elección sea responsable con el medioambiente, las formas de producción, y mi salud, y teniendo siempre en cuenta que un antojo es para ocasiones especiales y no debería ser un hábito alimenticio del día a día.

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