Desafío un mes sin lácteos Día 3: Comiendo afuera

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Cuando iniciamos cambios importantes en la dieta, se recomienda mucho comer en casa y no salir a comer afuera hasta acostumbrarse y poder distinguir fácilmente las opciones que nos favorecen. ¡En mi caso eso es imposible! Siempre tengo uno que otro compromiso social inamovible que me tiene saliendo y socializando fuera de mi hogar, y la verdad es que la idea de aislarme un mes entero por este desafío no me gusta para nada. Una de las excusas de este tiempo para no partir con este experimento era precisamente el tema social, pero me di cuenta de que si me quedo esperando a tener un mes sin nada que hacer y el tiempo ideal no voy a empezar nunca. Siempre habrá sacrificios de algún tipo, y esa es la idea también, ¿no?

Este fin de semana teníamos el cumpleaños de un colega de mi pareja (sábado) y un paseo por el día a la playa (domingo), lo cual se convirtió en la primera prueba de este desafío. Si ya es bien difícil encontrar opciones sin carne en restaurantes locales, encontrar además opciones sin lácteos fue una odisea.

De partida me convertí en el terror de los garzones. En el cumpleaños del sábado había principalmente tablas de quesos y muchos canapés, todos con algún tipo de lácteo ya sea crema, queso, queso crema, queso normal o yogurt. En algún minuto uno de los garzones del evento, preocupados por que yo lo único que comía eran aceitunas, me trajo un plato lleno de palitos de verduras y al verme sacar un palito de zanahoria sin untarlo en la salsa me dice «no se preocupe es light«. No pude evitar reírme y explicarle amablemente que mi problema no era lo light o no light, sino que la presencia de lácteos, pero creo que eso lo descolocó aún más.

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De todas maneras agradecí infinitamente esa tabla de palitos de verdura ya que me salvaron la noche y se convirtió en mi  único sustento alimenticio de la velada…Y obvio que de la torta, ni hablar! El domingo amanecí muerta de hambre pero con la rica sensación de haberme mantenido firme con mi desafío y no haber flaqueado ante el desfile permanente de canapés y sandwichitos tentadores.

Después de un desayuno reponedor partimos a la playa temprano, tipo 11 de la mañana, para llegar a almorzar a la caleta de Quintay. Para los que no lo conocen Quintay es un lugar hermoso, en la costa entre Algarrobo y Valparaíso. Son muchas quebradas abruptas y acantilados donde cae la tierra directo al mar. Paisajes hermosos pero todo muy rústico, con una oferta gastronómica limitada y más o menos similar: pescados frescos, mariscos del día y enjundiosos acompañamientos. Acá les dejo una foto del lugar para que lo conozcan.

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A eso de la hora de almuerzo, nos tentamos con la carta del Restaurant Miramar, y pedimos para compartir unos ostiones al pil pil y pescado frito con ensaladas. Llegó el pancito con mantequilla a la mesa y ya se me hacía agua la boca pero me tuve que resistir. Igual me comí un pancito con aceite de oliva, pero constantemente preguntándome si habría o no algún rastro lácteo en la masa. Mi tema con el no comer lácteos no tiene que ver con un problema de salud tan crítico como el que pueden llegar a tener las personas que son alérgicas a la proteína de la leche, por lo que si se me pasa una que otra molécula no me voy a morir.

Me parece importante eso si,  hacer la distinción entre dos condiciones diferentes y cada vez más comunes: la intolerancia a la lactosa y la alergia a la proteína de la leche. Son condiciones de salud bien distintas y no debemos confundirlas, ya que su gravedad y consecuencias sobre el organismo también son súper diferentes. En primer lugar la lactosa es el azúcar de la leche (disacárido formado por una molécula de glucosa y una molécula de galactosa), y la intolerancia a la lactosa se produce por la incapacidad del cuerpo para descomponer y absorber la lactosa en el intestino.

La alergia a la leche en cambio, es una reacción del sistema inmune a las proteínas presentes en la leche y los productos lácteos. Una persona puede ser alérgica a las proteínas en la caseína o a las proteínas del suero de la leche y, en ocasiones, puede ser incluso alérgica a ambas. Los signos y síntomas de una alergia a la leche suelen aparecer durante la lactancia, mientras que la intolerancia a la lactosa es poco común en los primeros años de vida.

El objetivo fundamental de este desafío es evitar los productos lácteos directos a toda costa, y por directos entiendo leche, quesos, crema, yogurt, ricotta, etc. En segundo lugar evitar la mayor cantidad de productos donde la lactosa y la proteína de la leche vengan escondidas en productos que aparentemente no son lácteos, como por ejemplo algunos panes, alimentos procesados y vinagres (si, leyó bien… vi-na-gres!) Pero insisto, si se me pasa uno de esos es probablemente porque ya me dio vergüenza seguir preguntándole al garzón acerca de los ingredientes que el chef usa para cocinar, y si tienen leche o no.

Lo interesante es que este ejercicio también me está permitiendo conocer en carne propia la realidad de muchas personas que sufren estas condiciones y las pocas alternativas que tienen a la hora de comprar o salir a comer. En Chile la verdad es que hay muy poca conciencia sobre las alergias alimentarias en general (gluten, lactosa, proteína de la leche, celíacos, etc), y recién en los últimos dos años han empezado a aparecer productos alternativos en algunas góndolas de supermercados. Pero aún es muy difícil para muchos salir a comer, ya sea por falta de alternativas, o por vergüenza a pedir tantos cambios en la receta.

Es fundamental que todos los restaurantes tomen una responsabilidad activa por este tipo de clientes y empiecen a incorporar opciones reales en sus cartas como alternativas. A mi me encantan los restaurantes veganos y ahí uno se puede ir a la segura, pero es irreal pensar en acarrear a todos los amigos y familia a comer Hare Krishna cada vez que pensamos en salir a comer afuera. Además, es importante educar a los garzones y cocineros para que cuando se enfrenten a este tipo de clientes, no te tomen por la mina latera y hagan como que te pescan pero en realidad no, sino que realmente entreguen una opción fiable a la hora de comer.

Mientras esperamos que esto ocurra, podemos entretenernos con lo que hay y aprender a encontrar nuestros nichos personales por la ciudad. Acá les dejo la guía de Servicios, Tiendas y Restaurantes Vegetales de Chile de www.homovegetus.cl  que la verdad es que está bien buena y trae hartos datos cool.

Pronto un nuevo update de esta cruzada!

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