El caso Paltas

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El reciente “caso paltas” no ha dejado indiferente a nadie. Las portadas noticiosas de la última semana han estado repletas de este exquisito fruto tan cotidiano en la mesa de muchos chilenos, y que suele estar presente en el desayuno, almuerzo y cena. La fuerte alza en el precio ha afectado a todos los bolsillos, pero más allá de el puro aspecto económico, se abre una interesante conversación sobre los desafíos del sector en relación a la sustentablidad de este producto en el largo plazo.

No obstante, los artículos que he leído me dejan con una sensación de que el tema se ha tratado superficialmente; la parrilla televisiva se ha llenado de notas jocosas y en los celulares abundan los memes, pasando por alto el problema de fondo que tiene que ver, una vez más, con la cultura del monocultivo que se impone en nuestro sistema alimentario y el sobreconsumo al que estamos acostumbrados.

¿Qué ocurrió para que el kilo de palta pasara de su típico rango de precios que oscila entre los $2.800 y $3.500, a umbrales entre los $4.500 y $6.000? Intentaré resumir de la mejor manera la multiplicidad de factores que se unen para dar pie a esta crisis, los cuales a mi entender son los siguientes:

  1. Economía y mercados
  2. Sequía y cambio climático
  3. Estacionalidad y consumo

Economía y mercados

Chile es uno de los países líderes en exportación de palta a nivel mundial. Los principales competidores de nuestro país en ese mercado son México y Perú, quienes se llevan el número 1 y número 2 respectivamente en la producción y exportación de paltas a nivel global. Por su lado, Chile se pelea constantemente el tercer o cuarto lugar en las exportaciones mundiales con países como Colombia, Sud África y Australia.

En los últimos años, el mercado internacional de la palta ha crecido un 12%, principalmente debido a la entrada de los consumidores chinos, quienes representan una tremenda fuerza de demanda. La palta está de moda entre los hipsters ingleses, por lo que los jóvenes británicos hoy consumen 266% más palta que las generaciones mayores. Al mismo tiempo, la demanda desde Europa ha crecido enormemente, y se prevee que en pocos años el consumo per cápita de palta en el continente europeo alcanzará los 2 kilos (Fuente: Propal, 2017)

Fuente: TVN

Fuente: TVN

Obviamente, esta noticia no es nueva. Los palteros chilenos sabían de esta tendencia muchos años antes, por lo que ya desde los años 90′ en Chile se incrementó significativamente la superficie plantada de paltos (así como la densidad de árboles por hectárea) para cubrir esa alta demanda que se veía venir desde el hemisferio norte. Entre 1990 y el año 2000, la superficie plantada de paltos en Chile creció un 160%, y entre el año 2000 y el 2010 experimentó un nuevo auge, aumentando las hectáreas plantadas en un 60%. Hoy sin embargo se observa una tendencia a la baja, y durante los últimos 8 años la cantidad de hectáreas destinadas a los paltos se ha reducido en un 12% debido principalmente a problemas climáticos como heladas y sequías, y por el envejecimiento de los árboles (Fuente: Propal; Sociedad Nacional de Agricultura).

De todas las paltas que se producen en Chile, alrededor de un 85% se destina a mercados externos, por lo que efectivamente hay un componente de exportación en la crisis de la palta, pero este no es el único factor que explique el alza de precios. Que la gran mayoría de las paltas se exporten, no debería ser novedad para nadie a estas alturas del partido, ya que Chile es y ha sido siempre un país agroexportador, por lo que la mayoría de las frutas que se producen en el país siempre se han exportado. El 15% restante de paltas que queda dentro del país para consumo interno no nos alcanza porque somos muy buenos para comer palta. Esta fruta está incorporada en nuestra dieta de manera cotidiana, y como cada día somos más, más palta consumimos también.

En un mundo de comercio globalizado, ¿qué se hace entonces para mantener la oferta de palta estable dentro del país durante el año? Pues se importan paltas desde México y Perú. El problema es que además que que durante estos meses no hay producción en Chile, precisamente este año, las paltas de nuestros competidores están atrasadas y no han llegado. Por lo que con alta demanda y poca oferta, es natural que los precios se disparen.

Sequía y cambio climático

La palta es un fruto que se cultiva en zonas tropicales y subtropicales del mundo, y cuya producción es bastante compleja. El suelo necesita un clima estable durante la primavera y el verano, con temperaturas templadas, abundante agua y sin heladas durante el invierno. Aunque la palta más popular que se cultiva en nuestro país -la variedad Hass- es introducida, Chile presenta una situación climática ideal para su cultivo y es por eso que se ha masificado tanto. Sin embargo, hoy su cultivo está fuertemente cuestionado por temas de sustentabilidad ambiental.

Se estima que para producir paltos, es necesario entre 7 y 13 mil metros cúbicos de agua por hectárea al año. Al comparar con otros árboles, como los naranjos, estos requieren como máximo unos 5 mil metros cúbicos por hectárea al año, por lo que los paltos se consideran una variedad intensiva en cuanto al uso del recurso hídrico. Además, como los cultivos se han ido encaramando a los cerros, es necesario transportar el agua hasta las alturas, provocando un consumo de energía cifrado en unos 4 mil dólares al año por hectárea. (Fuente: Departamento de Producción Agrícola de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile).

Fuente: Fruittrade

Fuente: Propal

En relación a lo anterior, hemos escuchado bastante en el último tiempo sobre las condiciones de sequía que afectan a Petorca producto del cultivo de paltos, pero también no debemos olvidarnos que en Chile hay una sequía generalizada que se extiende por más de 8 años, y que nuestra zona central (principal lugar de cultivo de esta especie), presenta un déficit histórico de precipitaciones, lo que ha obligado a reducir la superficie de hectáreas plantadas en los últimos años. Menos árboles, menos paltas, menos oferta en el mercado, por lo que efectivamente también podemos decir que hay un componente de sequía detrás del alza de precios de las paltas que hemos visto en las últimas semanas.

No obstante, los paltos no sólo se ven perjudicados por las sequías, sino que también por las heladas y las lluvias cada vez más intensas que afectan la producción, otra cara de la misma moneda llamada cambio climático. Precisamente el atraso en las importaciones de palta de México y Perú se debe a las lluvias y temporales que han afectado ambos países, desequilibrando el ritmo de este mercado global que les explicaba en la sección anterior. Esta situación de desbalances climáticos sólo tenderá a empeorar a futuro si no somos capaces de mantener el alza de la temperatura de la tierra bajo los 2°C como se estableció en el Acuerdo de París. Las fuertes descompensaciones que veremos en el clima de los próximos años ponen en peligro no sólo la estabilidad de precios de la palta, sino que también su supervivencia como cultivo en el largo plazo.

Estacionalidad y consumo

El factor de la estacionalidad y consumo de palta ha sido uno de los temas menos tratados en la prensa estos días, pero a mi parecer uno de los más importantes, pues revela una nueva cultura alimentaria que se ha apoderado de nuestra sociedad y en la que me parece importante profundizar.

Hasta ahora las razones del alza de precio se han analizado desde las dos perspectivas descritas anteriormente -exportaciones v/s sequía-, y de una manera muy simplista. Aparecen opinando productores, gobierno y vendedores, todos sacándose la responsabilidad de encima y echándole la culpa del problema a un otro que tampoco está muy claro quién es.

Algo de lo que no se ha hablado mucho es del rol de los consumidores y la estacionalidad típica de la agricultura. No hay que ser un genio para darse cuenta que las frutas y verduras suben y bajan de precio a lo largo del año de acuerdo a su estacionalidad, y así como hoy las paltas están caras, en verano suben los limones, y en invierno no hay duraznos, ni cerezas, ni sandías u otras frutas de verano, simplemente porque no es la época de producción. Y si las hay, es porque vienen del otro lado del planeta, con una huella de carbono gigantesca y un sobreprecio ídem.

Nos hemos olvidado de esa estacionalidad y los ciclos de la naturaleza, al mismo tiempo que nos hemos acostumbrado a comer los mismos productos todo el año. Los supermercados siempre llenos y estandarizados, han creado la ilusión de disponibilidad continua y una falsa abundancia, que a su vez mantiene al consumidor con una dieta prácticamente sin variaciones a lo largo de todo el año, independiente de si afuera hacen 35 grados de calor o está nevando.

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En esa lógica, creo que hasta antes de esta crisis de las paltas, poca gente sabía que a fines de marzo se acaba la temporada de Hass en Chile, y por ende su producción local (de ahí que entra al mercado nacional la que viene de Perú y México). Desde abril hasta septiembre la palta que se produce en nuestro país es muy poca, y además no es de la variedad Hass, que finalmente ha sido la causante de tanta polémica. Pese a que la Hass es la reina de las paltas por su exquisito sabor y alto contenido en ácidos grasos buenos, no tenemos que olvidarnos que hay otras variedades de paltas chilenas, igual de ricas, más baratas y de la estación, como la palta negra de La Cruz, que se puede encontrar en el mercado actualmente por $2.800 el kilo aprox. y la palta fuerte.

Hasta hace algunas décadas estas paltas locales eran las que salvaban el consumo de paltas durante el invierno. Nos adaptábamos a lo que cada estación nos regalaba en su momento, y esperábamos ansiosos el regreso de la reina Hass en la primavera. Quizás no eramos grandes consumidores de palta en ese momento, pero por lo menos estábamos más alineados con los ritmos de la tierra y la sustentabilidad de la producción.

Hoy, Chile es el segundo país del mundo que más palta consume, con 7 a 8 kilos per cápita al año, superado sólo por México, en donde se consumen más de 11 kilos por persona al año. Ambos países están fuertemente criticados y mal evaluados desde el punto de vista de los impactos ambientales y la sustentabilidad en la producción de palta. Tanto Chile como México, en esta lucha descarnada por ser los líderes del mercado, han perjudicado las comunidades y ecosistemas donde se cultiva la palta, y en una actitud similar a la que tuvo la industria acuícola con los salmones, estamos ante un sector que se autodestruye matando su propia gallina de los huevos de oro.

10 Comments

  1. Excelente análisis. Es una realidad que nos está tocando vivir.., y espero superemos de buena manera. Hay que seguir educando a la ciudadanía y presionando a quienes tienen en “timón” para que nos lleven en la dirección correcta (sustentable). Sldos

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