Food Waste: Un problema global

food waste
Hace aproximadamente un mes, posteamos en el facebook de Ciudadana B un pequeño comentario acerca del problema de los desechos alimenticios, y varios de nuestros usuarios mostraron gran interés por el tema. Nos dimos cuenta de que existe la necesidad de aprender nuevas técnicas que nos ayuden a minimizar nuestros desechos alimenticios,  tanto en el proceso de compra, como en la cocina.

Actualmente en el mundo se producen 4 billones de toneladas de comida al año. Sin embargo, por malas prácticas en las etapas de cosecha, guarda, transporte y consumo, se estima que entre el 30 y el 50% (aprox. 1.2 – 2 billones de toneladas) de esa producción anual de alimentos nunca llega a la boca del consumidor.

Estas figuras son escalofriantes por si solas, pero cabe resaltar que no reflejan las pérdidas en el uso de tierra, energía, fertilizantes y agua que también van de la mano con el proceso de generación de food waste, o desechos alimenticios. Estos niveles de desperdicio constituyen un grave problema a nivel global que debemos solucionar de manera urgente si queremos subsistir de manera sustentable en el futuro.

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A medida que los países se desarrollan, la pérdida de alimentos suele moverse hacia arriba en la cadena de suministro. Países con infraestructura precaria a nivel de caminos, transporte y almacenamiento, suelen sufrir sus mayores pérdidas tras la cosecha y antes de llegar a mercados (por ejemplo: en China, un país de rápido crecimiento, se pierde aproximadamente un 45% de la producción anual de arroz, mientras que en Vietnam, que está mucho menos desarrollado, esta cifra puede llegar hasta un 80%).

Al contrario, en países Europeos donde la tecnología agrícola, el transporte y almacenamiento de productos es más eficiente, una proporción mayor de la comida producida llega efectivamente al mercado. Sin embargo, por las características asociadas a esas sociedades más modernas y sus hábitos de consumo desechables, gran parte de la pérdida de alimentos se genera a través del retail y el comportamiento de las personas. Ej., promociones 2×1; porciones extra grandes en restaurantes; come todo lo que puedas; etc. (Fuente: Global Food Report, Institution of Mechanical Engineers, January 2013)

Revisemos rápidamente cuáles son las principales causas de este problema en cada etapa.

En la etapa de producción agrícola, las grandes cadenas de supermercado y los compradores de frutas y verduras mayoristas, fijan ciertos estándares irreales de calidad para los productos. Por ejemplo, pepinos de 20 cms exacto, sin protuberancias, ni manchas en la cáscara. Todo lo que no caiga dentro de esa clasificación es considerado un producto defectuoso y por lo tanto no es aceptable dentro del stock que el supermercado lleve a sus consumidores finales.

Este tipo de “fallas” en los productos realmente no deberían ser considerados como fallas, sino que como variedad dentro del espectro que las plantas producen naturalmente. En la producción agrícola natural, no existen las frutas ni verduras perfectas, brillantes y uniformes, por lo que es insensato exigir este tipo de estándares de calidad. Las pérdidas que esto genera son muy dañinas para la economía de los granjeros, ya que a veces ellos pueden perder hasta el 80% de su producción, sin posibilidad de revenderla en mercados locales (por directrices impuestas por los mismos supermercados). Por lo tanto estos productos perfectamente comibles y nutritivos terminan como alimento para cerdos o basura en vertederos.

Sterile Insect Technology in Croatia

En la etapa de venta en supermercados, hay un escenario “tras bambalinas” que como consumidores no vemos. Los sistemas de reposición en supermercados generan bastantes mermas por productos que quedaron mal etiquetados, que se quebraron en el traslado, que perdieron su cadena de frío, etc., y que van directamente a la basura. Pero además, hay muchos productos que se desechan en perfecto estado y aún frescos, porque los dan de baja meses antes de su fecha de vencimiento.

Por otro lado hay cada vez mayor confusión en las diferentes fechas que aparecen en los envases. Con términos como “consumir preferentemente antes de”,  “fecha límite de venta” y  “fecha de vencimiento”, es entendible que mucha gente asuma que apenas el producto pasa la primera fecha ya está malo y no se puede comer, pero no es así.

La fecha asociada al “consumir preferentemente antes de” habla sobre el día límite en que los productos conservan correctamente sus cualidades sensoriales. Es la fecha indicada por el fabricante sobre el tiempo que el alimento mantiene intactas sus propiedades organolépticas (olor, sabor, textura, etc.), pero su ingesta posterior no implica un riesgo para la salud. Se utiliza en los productos alimenticios que pueden conservarse más tiempo (como los cereales, el arroz o las especias, pasteles, galletas, pastas, etc.). No es peligroso comer estos productos después de esa fecha, pero pueden haber empezado a perder su aroma y su textura.

Por otro lado, la “fecha límite de venta” generalmente la dicta el supermercado y es netamente para control interno de inventarios según la frescura del producto.

Finalmente la “fecha de vencimiento” es la que debería ser la norma para evaluar si comemos un alimento o no. Nos habla sobre la vida útil de un alimento, especialmente de los perecibles, como los alimentos crudos (huevos, carne y pescado frescos) , productos lácteos, ensaladas, etc; en los que es muy recomendable ajustarse a la fecha y consumirlos lo antes posible, para evitar intoxicaciones. Sin embargo, muchos alimentos envasados suelen tener un par de meses de gracia después de la fecha de expiración, por lo que tampoco es tan terrible si nos comemos algo uno o dos días después de la fecha de vencimiento.

Acá la mejor lógica es volver a la prueba de la nariz. Si huele mal o se ve en mal estado es mejor descartar el alimento, pero si se ve bien, huele bien y tiene buen sabor, usa tu criterio y sentido común.

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Finalmente en la etapa del post consumo, el principal problema es la comida en exceso que compramos y que luego nos sobra después de cocinar. Muchas personas, intentando evitar que falte la comida en casa, compran elevadas cantidades de alimentos frescos que nadie consume y que, eventualmente, van a parar al basurero luego de semanas en el refrigerador. Frecuentemente creen que el desperdicio de alimentos orgánicos no tiene consecuencias negativas, pues piensan que dichos alimentos acabarán convirtiéndose en abono para la tierra.

Plate Waste Banner Highlight

Sin embargo, nada está más lejos de la realidad. Para que un residuo orgánico se convierta en abono, es necesario luz y aire, algo de lo que carece cualquier vertedero. En vez de eso, estos alimentos en descomposición producen diversos gases tóxicos, como el gas metano, que contribuyen día a día a acelerar al calentamiento global.

¿Te has fijado en cuánta comida botas semana a semana? ¿Las frutas y verduras se te ponen malas sin siquiera haberlas cocinado? ¿Cocinas mucho y luego no sabes qué hacer con las sobras? ¿Se te vencen los productos en la despensa sin usarlos? Acá te dejamos una serie de consejos prácticos para reducir tu huella alimentaria y empezar a tomar acción sobre esta problemática mundial del Food Waste.

1.Haz tu compra inteligente. Planifica tus comidas y usa listas de la compra, esto evitará las compras compulsivas. No caigas en la trampa publicitaria de adquirir más cosas de las que necesitas.

2.Consume fruta “fea”. Gran cantidad de frutas y vegetales son desperdiciados por su forma, tamaño o color. Comprando estas frutas en las ferias o La Vega, estás contribuyendo a minimizar los desechos alimenticios.

3. ¡Congélalo! Si te das cuenta que en tu refrigerador o en tu despensa hay cosas que están por vencer (sobre todo productos frescos) y que no vas a alcanzar a comerlos antes de la fecha final, congélalos. Eso te ayudará a extender su vida útil y a planificar más adelante comidas con los productos que hayas comprado anteriormente. También puedes hacer esto con las sobras de la comida, congelando porciones para más adelante cuando se te antoje ese plato favorito que cocinaste en grandes cantidades.

4.Aprovéchalo todo. Deja tu frigorífico vacío. Páginas web como la www.lovefoodhatewaste.com pueden ayudarte a ser creativo y cocinar recetas usando aquellos alimentos que caduquen pronto.

5. Elige medias raciones en restaurantes, o comparte platos con tu pareja o amigos. Hoy en día las porciones de restaurantes son cada vez más grandes, por lo que muchos no logramos terminar los platos cuando salimos a comer. Para evitar dejar sobras que se irán a la basura si o si, comparte plato, o pide tus restos para llevar sin sentir vergüenza.

6. Compostaje de orgánicos. La tecnología moderna nos permite hoy compostar nuestros residuos orgánicos a todo nivel. Ya no es necesario tener una casa grande, con un patio amplio para hacer lombricultura o compostaje. Para quienes vivimos en departamentos existen las composteras eléctricas, que te permiten hacer abono casero en 2 a 3 semanas.

7.Usa el sistema FIFO (First In First Out). Es decir, consume primero lo que que llegó antes y después lo que llegó más tarde a tu despensa. Guarda tus últimas compras al final y las más antiguas delante para acordarte de consumirlas pronto.

8.¡Ricos restos! Los restos de la comida de la noche pueden ser parte de tu almuerzo de mañana. El pan de ayer pueden ser los crutones de hoy. Sé creativo y dale rienda suelta a tu imaginación en la cocina. Algunas de las cosas que nunca fallan son las tortillas de restos (juntas todos esos restos en el refri, los bates con un par de huevos y al sartén); los salpicones de restos (ensaladas con todo lo que encuentres, algún rico aliño y listo; y ahora en invierno, las sopas mixtas de todo lo que encuentres (todo a una olla con agua, aliños y a la juguera); y los jugos de frutas sobre maduras.

9.¡Dona lo que no vayas a aprovechar! Refugios, bancos de alimentos y otras instituciones estarán encantados de recibir alimentos no perecibles. Existen programas nacionales y locales que se ofrecen a recoger los alimentos e incluso a prestar a contenedores donde almacenarlos.

10. Mantén el empaque original. La mayoría de los alimentos que hoy consumimos vienen en empaques que han sido diseñados para maximizar la frescura del producto. Una recomendación importante es mantenerlos en su empaque original una vez que los compramos, especialmente si estos son empaques que protegen la entrada del aire y la oxidación de los alimentos en el refrigerador. Al mismo tiempo, el refrigerador tiene varios compartimentos que han sido diseñados para cierto tipo de productos en relación al flujo de aire, niveles de temperatura y grado de frescor que necesitan, por lo que averigua en el manual de uso de tu refri qué te recomienda el fabricante.

Finalmente, les recordamos que reducir los desechos alimenticios es una tarea de todos. Tanto así, que este año las Naciones Unidas han puesto el tema como una de sus prioridades de trabajo a nivel mundial bajo la premisa de “Piensa. Aliméntate. Ahorra: Reduce tu huella alimentaria”.  Si te faltan ideas, o tienes dudas específicas de qué hacer con ciertos alimentos, escríbeme a hola@ciudadanab.com y espero poder ayudarte con consejos creativos.

Fuentes fotográficas:
http://g.fastcompany.net/multisite_files/coexist/article_feature/1280-food-waste-products.jpg
http://cdn.modernfarmer.com/wp-content/uploads/2013/09/gobalFoodLoss.png
http://faowashington.org/wp-content/uploads/2013/06/Food-Waste-photo.jpg
http://myzerowaste.com/wp-content/uploads/2010/04/pic.jpg
http://england.lovefoodhatewaste.com/sites/files/lfhw/imagecache/image_main/image/Plate%20Waste%20Banner%20Highlight.jpg

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  1. Pingback: Nueva sección semanal: ¡Reduce tu food waste! | ciudadana B

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