Saalam Bombay!

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Creo que la última vez que estuve así de nerviosa antes de un viaje fue cuando me fui a mochilear sola a Vietnam el 2007. Esa fue mi primera aventura cruzando el mundo a un país súper diferente y sin mucha planificación más que un intinerario abierto y dispuesto a moldearse a través de las mismas personas que fuera conociendo en la ruta. Igual se podría decir que mi ida sin retorno a Londres pudo ser la gran aventura de mi vida, y hasta cierto punto lo fue, pero Londres y Europa son más cercanos a nuestra cultura occidental que lugares como Asia, África o India, por lo que la experiencia de la aventura es diferente.

Esta vez el nerviosismo tenía que ver con dejar atrás una vida entera y cambiarla por un futuro absolutamente incierto. Antes de subirme al vuelo a Bombay había enviado a Chile por barco todas mis pertenencias acumuladas en seis años de vida en Londres, y lo que se venía eran meses de viaje recorriendo India sin un plan muy claro. Ya venía viajando de antes por Estados Unidos, así que además mi parada en Londres fue un stop-over muy rápido para cambiar las sandalias y shorts de California, por los kurtas y salwar indios.

Llegué a Bombay en Octubre del 2011, y allí me recogió un amigo que había conocido en Delhi el año anterior. La verdad es que tener a alguien conocido fue un alivio tremendo ya que mi hotel quedaba a 30 kms del aeropuerto y además yo llegué a la medianoche a la ciudad, por lo que la idea de atravesar todo Bombay sola a esas horas no me agradaba para nada.

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Apenas me bajé del avión la ciudad me pegó una cachetada tremenda. Hacían 30 grados celcius a esa hora de la noche y el aire estaba húmedo y pesado, con un olor a polvo suspendido en la atmósfera que lo volvía grueso y agotador. Sin embargo, me pareció inmediatamente menos agresiva que Delhi, con un tráfico menos caótico y un ritmo más tranquilo. No se si fue porque yo me había imaginado lo peor frente a la idea de estar sola en una ciudad de casi 12 millones de habitantes, o si fue por el calor. Pero sin duda que en un lugar con 40°C de calor durante el día y 80% de humedad permanente las cosas funcionan más lento y en otra frecuencia.

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Mi arribo en Bombay coincidió con la celebración de Diwali, una de las festividades más importantes de la India. Durante el Diwali la gente estrena ropa nueva, comparte dulces y hacen explotar petardos y fuegos artificiales todo el día y toda la noche. Corresponde a la celebración del año nuevo hindú, y una de las noches más significativas y alegres del año. La divinidad que preside esta festividad es Lakshmí, consorte del dios Vishnú. Ella es quien otorga la prosperidad y la riqueza, por eso es especialmente importante para la casta de los comerciantes (vaisyas).

El ánimo era muy festivo y se notaba en las entradas de las casas, decoradas con flores y rangolis. Las mujeres estrenando sus mejores saris en la calle, los templos llenos, y las tiendas de dulces típicos con multitud de familias abasteciéndose para las fiestas. En medio del día y la noche los petardos sonaban en todas las esquinas, lo que hacía un poco difícil dormir, pero también muy entretenido de observar.

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En Bombay hay un mix de personas muy interesantes, y en cada esquina te das cuenta por qué Bombay es la capital cosmopolita que es. A mi lo que más me llamó la atención fue como Musulmanes, Hindúes, Judíos y Cristianos conviven en paz unos con otros. La mezcla cultural que resulta de esa interacción, sumado a la influencia británica y de otros países que han pasado por el lugar, hacen de Bombay una ciudad fascinante. Su arquitectura es espectacular y está muy bien cuidada en algunas partes, mezclando estilos e influencias de todas esas culturas que se juntan en la misma ciudad.

Me tomó un par de días relajarme y sentirme encantada con la idea de viajar nuevamente por India. Mis nervios fueron desapareciendo y dando paso a una sensación de alegría y comodidad con el lugar. Volví a sentir esa sensación de pertenencia que tanto me había llamado la atención el año anterior cuando estuve en Delhi. Aún así, los primeros días me tomé las cosas con mucha calma y estuve principalmente en la zona de Colaba, que es la zona más turística de Bombay.

Luego me fui adentrando hacia otras áreas de la ciudad como el sector que se llama The Fort, un poco más desordenado y caótico que Colaba, pero también mucho más interesante. Muchas callejuelas intrincadas, rincones llenos de bazares y mercadillos, cero turistas, y mucha fauna local, incluidos un grupo de travestis Indios (que es lo más exótico que me ha tocado ver en la vida), y agencias de Bollywood buscando nuevos talentos. Ahí si que se vive the real India.

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La comida en estas zonas menos turísticas de Bombay merece un capítulo aparte. Puedes encontrar de todo lo que se te ocurra, pero lo fuerte son los platos vegetarianos, por lo que para mi era como estar en el paraíso. Alguna vez alguien me dijo que en la India, la mejor estrategia para no enfermarse del estómago era comer sólo comida vegetariana, y evitar a toda costa pescados, mariscos y carnes, ya que suelen descomponerse más rápido. Seguí esa regla el 95% del tiempo y estuve siempre OK. Yo igual tengo un estómago fuerte y en general aguanto bien la comida picante y callejera, así que esta vez decidí ser un poco más aventurera con mi periplo gastronómico en Bombay, y la premisa siempre fue donde fueres, haz lo que vieres; o en este caso, come como local.

Mi misión era comer algo nuevo todos los días y así probar la mayor cantidad de platos para ampliar mi espectro de conocimiento de la comida India. ¡Para qué les digo lo entretenida de mi tarea! Mi búsqueda por nuevos platos me llevó a lugares donde no sólo era la única turista occidental, sino que muchas veces también la única mujer, teniendo que soportar algunas miradas curiosas del resto de los comensales y sonrisitas coquetas de los más osados.

Comer en India es muy barato, si es que comes comida local y en lugares no muy turísticos. También puedes encontrar lugares súper caros y muy elegantes, pero a mi por lo menos me gusta probar el sabor local y ojalá lo más auténtico posible. Cada comida en Bombay estuvo entre los $350CLP y $1.500CLP, siendo lo más caro que pagué alguna vez como $4.000CLP, incluyendo cervezas, agua mineral y un plato tandoori que suele ser más caro.

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Igual hay que tener ojo con las especias y el grado de picor. Yo soy buena para el picante y como les decía, tengo buen estómago también, pero hubo veces que la comida que probé era tan picante, que no pude terminarla ya que ni mi lengua ni mi estómago daban más.

Algunos de los mejores platos que probé en Bombay fueron:

Veggie Rice Curry
Bhel Puri
Onion Uttappam served with sambar and coconut chutney
Masala Omelette
Aloo Chat
Chana Masala
Rotis
Paneer grilled sandwich
Onion Rava Masala Dosa
Pav Bhaji
Kulfi
Tandoori Veg platter

Mis días en Bombay aparte de dedicarlos a comer y probar muchas delicias, los discute paseando en silencio por la ciudad. Además de Colaba y The Fort, recorrí el centro, los parques, Malabar Hill, un templo Jainista, Chowpatty Beach y Marine Drive (la costanera).

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Se me había olvidado el placer de viajar sola, y el estado semi meditativo en el que uno entra tras días de estar en silencio. Creo que por eso la experiencia de viajar sólo engancha tanto. Yo viaje mucho así durante mi estadía en Europa, y perseguí destinos sencillos como España e Italia, y otros no tanto como Vietnam e India. Hoy viajo acompañada por Nico y también es lo máximo, pero son experiencias muy diferentes entre sí.

El viaje en solitario es un regalo para el alma muchas veces, ya que son pocas las instancias donde uno puede estar sólo, y disfrutar días de silencio, dándose un espacio para pensar, sanar y sentirse desde lo más profundo. Lo mejor de esta forma de viaje es que es independiente del lugar done vayas; se puede dar viajando en India, paseando un Domingo por Santiago, o donde sea que tu quieras darte ese espacio de silencio y observación. Pero no dejes de dártelo ya que el silencio, la desconexión del resto, y los momentos con uno mismo te ayudan a recuperar energía y la paz necesaria para volver a conectar con nuestra alma.

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Al momento de dejar Bombay estaba con sentimientos encontrados, Por un lado un poco triste ya que creo que podría haberme quedado varios días más recorriendo sus rincones, museos y callejuelas. Pero por otro lado estaba feliz de lo que se venía después y de seguir cambiando de ritmo hasta mi destino final. Próxima parada: Kerala y un paraíso ayurvédico.

Para cerrar este capítulo, los dejo con un par de recetas increíbles de un libro que se llama “A Taste of India”, de la autora Madhur Jaffrey. Es un libro que se publicó en 1985 y que describe las tradiciones culinarias según las diferentes regiones de India. Además, el libro va contando las memorias de la autora siempre relacionadas con la comida. Un bonito recuento de la vida familia India y la importancia de las comidas según la ocasión. Esta vez, preparé dos platos típicos de Maharastra, que es el estado al cuál pertenece Bombay: camarones a la maharastran y arroz verde.

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Camarones a la Maharastran y arroz verde

Porciones 4
Tiempo de preparación 1 hour
Tiempo de cocción 30 minutes
Tiempo total 1 hour, 30 minutes
Dieta Gluten Free

Ingredientes

Para el arroz

  • 2 Tazas arroz basmati
  • 300 Gramos espinaca (puede ser cruda o congelada)
  • 2 Tomates pequeños
  • 3 Cucharadas aceite vegetal
  • 1 Cebolla pequeña
  • 1/4 Cucharadita cúrcuma en polvo
  • 1 Cucharadita semillas de comino y cilantro tostadas (luego de tostar, moler en un mortero)
  • 1 Cucharadita sal

Para los camarones

  • 500 Gramos camarones crudos pelados
  • 1 Diente de ajo molido
  • 1 Cucharadita jengibre rallado
  • 3 Cucharadas pasta de tamarindo
  • 1/8 Cucharadita cúrcuma en polvo
  • 3/4 Cucharadita sal
  • 1/4 Cucharadita pimienta de Cayena
  • 2 Cucharadas aceite vegetal
  • 3 Dientes de ajo enteros pero machacados
  • 1 Lata leche de coco
  • 1 Cucharada cilantro fresco picado

Preparación

1. Para esta receta parte haciendo el arroz ya que demora un poco más. Lo primero que debes hacer es lavar bien el arroz varias veces, y luego cubrirlo con agua y dejar reposar tapado por 30 minutos.
2. Cocinar la espinaca con uno poco de agua y luego picarla muy finamente (casi dejarla como puré).
3. Pica los tomates en cuadrado y la cebolla a la pluma.
4. Calienta aceite a fuego alto en una olla. Cuando el aceite esté caliente, agrega la cebolla y saltéala hasta que quede bien dorada.
5. Agrega el arroz sin el agua de remojo, baja el fuego a medio y saltea 2 minutos más.
6. Agrega la espinaca, los tomates, cúrcuma, la mezcla de semillas de cilantro y comino tostadas y la sal. Revuelve suavemente y mezcla bien durante un minuto.
7. Agrega 500 ml de agua fría y una vez que hierva, tapa la olla, baja el fuego al mínimo y cocina por 25 minutos más.
8. Una vez transcurridos los 25 minutos, destapa la olla y revuelve el arroz sin remover la costra que se formó al fondo de la olla. Vuelve a tapar la olla y sigue cocinando a fuego muy bajó por 10 minutos.
9. En esos últimos minutos del arroz, pon los camarones pelados en un bowl y agrega el ajo molido, el jengibre, tamarindo, cúrcuma, sal y pimienta de Cayena. Mezcla bien y deja reposar por 10 minutos máximo, ya que el jengibre crudo puede afectar un poco la textura de los camarones.
10. A fuego alto calienta el aceite en un sartén. Cuando esté bien caliente agrega los dientes de ajo machacados. Saltea hasta que estén dorados por ambos lados.
11. Agrega los camarones marinados y saltea hasta que se doren un poquito. Baja el fuego a medio y agrega la leche de coco y el cilantro. Apenas la leche de coco empiece a hervir, apaga el fuego y sirve de inmediato.

2 Comments

  1. Hola, soy nueva en tu blog y espero conocer más de tus recetas, no soy vegetariana pero soy amante de la comida tal vez no podríamos decir saludable pero sin lo mas natural posible, nosotros en casa hacemos las mermeladas, salsa de tomate y consumimos leche de vacas libres. Consulta, donde consigo las semillas de comino y cilantro??? Saludos!!

    • Hola Claudia!
      Bienvenida al blog.
      Que bien todo lo que me cuentas, me gusta conocer más gente que sigue una tendencia de alimentación natural. Felicitaciones!
      Las semillas de comino, cilantro y otras especias las compro en un local pequeñito que vende productos Indios que se llama Don Harry Minimarket. Está en Manuel Montt, como a media cuadra de Providencia hacia la Costanera (al lado de la tienda Cherry). Tienen de todo!
      Saludos!
      a.

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